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¿CUÁNTO SABE SOBRE LOS BOSQUES DE CASTILLA Y LEÓN?

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En el Día Internacional de los Bosques se propone este test para evaluar cuánto sabemos sobre los bosques de Castilla y León.

1. La superficie de Castilla y León poblada por árboles en bosque cerrado o masas abiertas es del:
a. 10%
b. 30%
c. 50%

2. En Castilla y León las choperas de producción:
a. Son el 2% de la superficie arbolada y suponen el 9% del crecimiento de los bosques.
b. Son el 10% de la superficie arbolada y suponen el 20% del crecimiento de los bosques
c. Son el 15% de la superficie arbolada y suponen el 50% del crecimiento de los bosques

3. Las dos provincias castylesas con mayor superficie de pinares son:
a. Segovia y Soria
b. Segovia y Ávila
c. Burgos y León

4. Una ardilla puede recorrer el perímetro de Castilla y León prácticamente sin salir de Espacios Protegidos. ¿Cuál sería el salto más grande que tendría que dar?
a. 8,5 km
b. 16,8 km
c. 29,7 km

5. De un bosque se puede extraer de forma sostenible un volumen de madera equivalente a
a. El crecimiento anual del arbolado
b. 100 toneladas por hectárea siempre
c. No es sostenible extraer madera de un bosque

6. Una hectárea de pinar soriano absorbe en un año el CO2 que emite un coche medio en:
a. 300 km
b. 3.000 km
c. 30.000 km

7. Castilla y León tiene más superficie arbolada que:
a. Suecia
b. Suiza
c. Italia

8. Una hectárea de encinar crece anualmente el equivalente a la astilla que consume una instalación de calefacción de:
a. 50 kilovatios
b. 5 kilovatios
c. 0,50 kilovatios

9. Los pinares de Valsaín se cortan cuando los árboles tienen
a. 60-80 años
b. 100-120 años
c. 150-200 años

10. En el último decenio la superficie arbolada de Castilla y León:
a. Tiende a decrecer debido a los incendios
b. Permanece estable
c. Tiende a aumentar

Ver RESPUESTAS

Vídeo sobre el test elaborado por la Sección de Naturaleza de http://www.elperiodicodecastillayleon.com

 

Entrevista en Radio Universidad de Salamanca

EL CATÁLOGO DE MONTES DE UTILIDAD PÚBLICA DE LA PROVINCIA DE LEÓN ALCANZA EL MONTE NÚMERO 1.000

El Boletín Oficial de Castilla y León publicó el día 1 de marzo la Orden FYM/101/2017 de Declaración del Monte de Utilidad Pública número 1.000 de la provincia de León, llamado “Campo de Valle” perteneciente a la localidad de Valle de Vegacervera, con una superficie de 188,30 hectáreas.

De esta forma León consolida su posición como la provincia con mayor superficie de Montes de Utilidad Pública de toda España, con 1.000 montes y más de 577.000 hectáreas. Sólo tres comunidades autónomas, además de Castilla y León, tienen mas superficie de Montes de Utilidad Pública que la provincia de León: Andalucía, Aragón y Castilla La Mancha.

Dentro de Castilla y León la superficie de MUP de la provincia de León es el 36% del total regional. La siguiente provincia en número y superficie de Montes de U. P. es Burgos, con 704 montes y 312.000 hectáreas. Castilla y León tiene en total 3.513 Montes de Utilidad Pública que ocupan casi 1.800.000 hectáreas.

La figura del Monte de Utilidad Pública ha garantizado durante más de siglo y medio la persistencia de las principales áreas forestales españolas. Su origen arranca de las sucesivas oleadas desamortizadoras del siglo XIX, cuando el Estado subastaba los montes de los pueblos para obtener financiación. A raíz de la decidida intervención del entonces recién creado Cuerpo de Ingenieros de Montes se pudo detener la venta de los montes de mayor importancia ecológica, que de otra forma habrían sido subastados al mejor postor, generalmente para su roturación. Esos montes pasaron a integrar los Catálogos provinciales de Montes de Utilidad Pública, formados exclusivamente por montes cuyo titular es una entidad pública, casi siempre un Ayuntamiento o una Junta Vecinal.

Las leyes forestales han dotado a estos montes de un régimen de protección muy eficaz. Estos montes no pueden ser embargados ni vendidos, y no son urbanizables. Para descatalogarlos es necesario justificar la pérdida de su función de utilidad pública y además una Orden de la Junta de Castilla y León.

La gestión y vigilancia de estos montes está encomendada a la administración regional, lo que permite que cuenten con medios técnicos y agentes medioambientales inasumibles para las entidades locales.

Cualquier uso o aprovechamiento en ellos requiere una doble conformidad: la de la entidad propietaria y la de la administración autonómica. Este sistema evita que se produzcan abusos por cualquiera de las dos partes.

Por último hay que destacar una previsión legal muy importante para su conservación: el 15% de todos los ingresos de estos montes debe ser reinvertido en ellos.

JORNADA SOBRE PRESENTE Y FUTURO DEL SECTOR FORESTAL

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El pasado viernes 17 de febrero se celebró en la Escuela de Ingenierías Agrarias de Palencia una jornada sobre perspectivas profesionales de los Ingenieros de Montes, bajo el título “Presente y futuro del sector forestal”.

Los ponentes, procedentes de los sectores público y privado, coincidieron en que los sectores de futuro son aquellos que no dependen de la financiación pública, que a medio plazo se prevé estancada o a la baja. Como oportunidad para el sector está la capitalización de los montes españoles, que hoy tienen importantes crecimientos y volúmenes acumulados de madera. Actualmente sólo se corta en torno al 30% del crecimiento anual de las masas españolas, por lo que hay margen suficiente para incluso duplicar el volumen de cortas sin que se interrumpa el proceso de acumulación de existencias.

Entre los sectores con potencial de crecimiento se presentaron ponencias sobre la construcción en madera, los usos biotecnológicos de los hongos, el trabajo de consultoría en el extranjero, el departamento de medio ambiente de los ayuntamientos y la concentración de propiedades forestales pequeñas.

La construcción en madera está muy por debajo de la media de otros países, y hay una clara tendencia a converger con ellos. La madera es el único material de construcción renovable y retira y acumula CO2 de la atmósfera, por lo que es el material de construcción más ecológico.

Las plantaciones para producir setas y trufas y la investigación y producción de hongos con propiedades nutritivas y medicinales son sectores punteros en biotecnología, donde Castilla y León cuenta con empresas punteras.

Las empresas españolas son muy competitivas en trabajos de consultoría en asuntos relacionados con el cambio climático y la restauración de ecosistemas en países en desarrollo.

La versatilidad de los ingenieros de montes les permite satisfacer las principales necesidades de los ayuntamientos rurales: proyectos, gestión y dirección de obras de ingeniería civil, jardinería, puesta en valor de terrenos forestales, gestión de cotos de caza y pastizales, tramitación de expedientes ante confederaciones hidrográficas o medio ambiente, obtención de subvenciones, etc. En muchos ayuntamientos el incremento de ingresos procedentes del patrimonio forestal del ayuntamiento y el ahorro de costes externos permiten autofinanciar sobradamente el coste de disponer de Ingenieros de Montes, bien en plantilla o bien a través de empresas o autónomos externos.

 

ANÁLISIS DEL INFORME SOBRE INCENDIOS DE ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

ANÁLISIS DEL INFORME GRANDES INCENDIOS FORESTALES EN ESPAÑA 2012-2016. RELACIÓN ENTRE LOS GIF Y EL TIPO DE VEGETACIÓN FORESTAL Y PROPUESTAS PARA REDUCIRLOS, ELABORADO POR ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

La asociación Ecologistas en Acción ha publicado un informe en el que analiza los grandes incendios forestales y propone algunas medidas para reducirlos.

El informe ha sido enviado a numerosos medios informativos, que se han hecho eco de él bajo el desafortunado titular Las zonas forestales artificiales son las responsables de los incendios más graves. Este titular es el que también figura en la web de la Asociación.

Sin embargo el documento presenta muchos errores metodológicos, de concepto y de procesado de datos, de forma que sus conclusiones son erróneas y algunas de las medidas que propone harían a los montes más vulnerables frente a los incendios.

  1. ERRORES METODOLÓGICOS

Metodológicamente el informe se basa en vincular cada incendio con un único tipo de vegetación, lo que no es correcto, y menos aún en los grandes incendios, que muchas veces arrasan superficies muy heterogéneas. Un análisis riguroso debería referirse a superficies quemadas (en hectáreas) y no a incendios (en unidades, como hace el informe). Según el método seguido en el informe si un incendio de arbolado arrasa 500 hectáreas y otro de matorral arrasa 5.000 resulta que el 50% de los incendios arrasó matorral y el otro 50% arrasó arbolado. Conclusión numéricamente cierta pero engañosa.

Es más, se deberían relativizar los datos y compararlos con los datos de superficie de cada formación. En los grandes incendios analizados arden aproximadamente las mismas superficies no arboladas y arboladas, pero el diagnóstico debe tener en cuenta que hay un 65% de superficie arbolada y un 35% de superficie no arbolada. Por tanto, a partir de datos de superficies sería más correcto decir que las superficies no arboladas arden el doble que las arboladas.

Entre los tipos de vegetación analizados en el informe no se ha contemplado el tipo “terrenos agrícolas”, que mucha veces es mayoritario en incendios donde también se queman terrenos forestales. Por ejemplo el gran incendio de Tafalla de 2016 quemó unas 2.500 hectáreas de terrenos agrícolas, y también 900 ha de matorral y 400 ha arboladas. En el informe aparece ese incendio, pero como no aparece el tipo de formación “agrícola”, ese incendio se ha tenido que asignar a otra categoría. ¿Es razonable considerar que es un incendio de matorral si han ardido 900 hectáreas de matorral y 2.900 que no son matorral? ¿O que es un incendio de quercíneas si ardieron 400 hectáreas de quercíneas y 3.400 ha de otro tipo? Pues eso es lo que se ha hecho en el informe, y la consecuencia es que el informe da una imagen errónea de ese incendio concreto y del conjunto de incendios analizados.

Y por último, pero quizá lo que resulta conceptualmente más grave, es que desde el punto de vista de la virulencia del incendio lo más importante es la estructura de la vegetación, y por eso los modelos de simulación que predicen el comportamiento de los incendios se basan en ella. Un monte joven de jaras y pinos repoblados arde igual que un monte joven de jaras y encinas nacidas espontáneamente. Por eso lo importante no es la especie más abundante, ni el origen natural o artificial de la masa, sino su estructura, que en el caso de las formaciones arboladas está muy relacionada con el grado de madurez, de forma que las masas arboladas jóvenes presentan estructuras que ante los incendios funcionan como formaciones de matorral. De los tres análisis que se hacen en el informe los relativos a especie dominante y grado de naturalidad son por ello poco significativos.

El tercer análisis, llamado en el informe “análisis por tipo de formación”, es el que tiene mayor interés potencial, pero lo pierde al incurrir en errores metodológicos cuando escoge los tipos de formación a analizar. Los tipos escogidos son repoblación, monte bajo, bosque maduro, bosque degradado y pastos, pero el informe no especifica cómo se define ninguno de ellos. Podemos asumir que la categoría de pastos es equiparable a las zonas dominadas por vegetación herbácea y que la de monte bajo, que no está definida y que desde luego no se ha aplicado de forma selvícolamente ortodoxa, se refiere a matorrales. Pero según el informe hay 33 incendios de monte bajo (análisis de los incendios por tipo de formación) y 21 de matorrales (análisis de los incendios por especie dominante), así que la correlación entre ambas no es ni mucho menos biunívoca. Intentar construir una tabla que correlacione las terminologías empleadas en los dos apartados es complicado, y hay muchas soluciones matemáticamente viables. A continuación se presenta un intento de cuadrar las tipologías de incendio de los dos apartados de forma que los datos sumen, pero, como cualquier otra alternativa planteable, para que cuadren las sumas de las filas y las columnas siempre hay que utilizar combinaciones poco satisfactorias (por ejemplo en la solución propuesta se ha considerado que 10 incendios de pinar fueron a la vez incendios de monte bajo), lo que indica que la caracterización de las superficies quemadas de al menos uno de los dos apartados del informe no ha sido rigurosa. En la tabla las casillas con números, incluso ceros, indican combinaciones de tipologías posibles y las que aparecen en blanco indican combinaciones de tipologías que se han descartado por su imposibilidad conceptual o su incompatibilidad con los datos.

Pinar

58

Matorral

21

Quercíneas

10

Eucalipto

4

Pastos

2

Repoblación 40 36 0 4
Monte bajo 33 10 21 2 0
Bosque maduro 14 8 6
Bosque degradado 6 4 2
Pastos 2 2
  1. ERRORES EN EL TRATAMIENTO DE DATOS

Los datos en los que se basa el informe se han tomado de las estadísticas oficiales de incendios, en las que para los grandes incendios se hace un desglose de superficies en arboladas (en el informe son pinares, eucaliptales y montes de quercíneas), superficies dominadas por vegetación leñosa no arbolada (en el informe matorrales), superficies de vegetación herbácea (en el informe pastos) y superficies no forestales (es decir, agrícolas, que el informe omite).

Si se acepta que se va a seguir el método de asignar cada incendio a un solo tipo de vegetación, lo que ya se ha explicado que es discutible, se debería asociar a cada incendio el tipo de vegetación del que más superficie se ha quemado.

El informe se refiere a 95 incendios de los años 2012 a 2016 (casi todos, pero no todos los grandes incendios). Para esos cinco años sólo están disponibles las estadísticas oficiales definitivas de los años 2012 y 2013. Pues bien sólo en esos dos años hubo 24 incendios que aparecen en el informe y donde el tipo de superficie más afectada fue el matorral, y 3 en los que la mayor parte de la superficie quemada fue de herbáceas. Y sin embargo el informe afirma que entre 2012 y 2016 sólo hubo 21 incendios de matorral y 2 incendios de pastos. Es decir, que el informe ha caracterizado muchos incendios con una vegetación que no es la más quemada en ese incendio, y en concreto ha subestimado el número de incendios de pastizal y matorral asignándolos a superficies arboladas.

Tabla 1. Tipo de vegetación más quemada en cada GIF de 2012. Los incendios en amarillo no aparecen en el informe de Ecologistas en Acción

gif_2012

Tabla 2. Tipo de vegetación más quemada en cada GIF de 2013. Los incendios en amarillo no aparecen en el informe de Ecologistas en Acción

gif_2013

Con datos de 2012 y 2013 y aplicando a las tablas oficiales el método que utiliza el informe se obtiene un 48% de incendios de matorral (frente al 22% que aparece en el informe para todo el período), un 45% de incendios de arbolado (frente al 76% que recoge el informe) y un 7% de incendios de vegetación agrícola o pasto (el triple que el 2% que contempla el informe). Dando por bueno el dato del 4% para el eucalipto y repartiendo el resto de los incendios de arbolado en la misma proporción que aparece en el informe se obtienen las siguientes gráficas.

graficas

Como se puede ver, los datos oficiales muestran, incluso aplicando el extraño método que se ha seguido en el informe, que la mayor parte de los incendios “no son” de pinares, como afirmaba el Informe, sino que “son” de superficies leñosas no arboladas. Los porcentajes obtenidos se parecen además bastante a los datos de superficies quemadas en grandes incendios forestales que aparecen en las estadísticas oficiales para el bienio 2012-2013: 47% de superficie arbolada, 45% de matorral y 8% de herbáceas.

Si en vez de pensar en grandes incendios se hiciese el estudio para todos los incendios es probable que las cifras de incendios y superficies no arboladas aumentaran espectacularmente, porque la mayor parte de los incendios intencionados y accidentales comienzan fuera de zonas arboladas (en zonas de pastos con matorral, en zonas agrícolas y en zonas periurbanas), y si se atajan a tiempo no suelen llegar a las zonas arboladas.

Con lo cual el panorama general de la cuestión cambia sensiblemente, y en consecuencia las conclusiones a extraer y las propuestas de actuación también se deberían revisar.

3. PROPUESTAS ERRÓNEAS

Al ser incorrectos los datos de partida es incorrecto el diagnóstico y es incorrecto el tratamiento propuesto en el Informe

El informe propone siete medidas. Las tres primeras son neutras en sus efectos frente a los incendios, aunque pueden resultar significativas para entender por qué algunos datos del informe presentan un cierto sesgo.

La cuarta medida, que ya se aplica frecuentemente, propugna la regeneración natural de las zonas incendiadas, pero tiene el efecto contrario al que se argumenta en el informe, porque tras un incendio las especies pirófitas regeneran mejor que las que no lo son, precisamente porque son pirófitas. Y el resultado es una formación joven con más especies pirófitas que la anterior al incendio. Pese a ello en muchos casos es una medida razonable ecológica y económicamente.

Las tres últimas medidas propuestas son directamente contraproducentes, y de consecuencias potencialmente fatales para muchas masas arboladas y para la seguridad de los que luchan contra los incendios.

La quinta medida propone limitar las actuaciones de limpieza de montes e infraestructuras “preservando las zonas de bosque natural y las especies autóctonas de quercíneas, frondosas y matorral)”. Proponer que se suspendan los tratamientos de la vegetación en masas jóvenes por la mera presencia de especies autóctonas es un disparate cuyas únicas consecuencias son la mayor vulnerabilidad de las masas al incendio. Otra cosa es que en masas arboladas maduras, independientemente de su origen natural o artificial, esos tratamientos ya no sean necesarios, y de hecho sobre ellas no se realizan tratamientos selvícolas contra incendios. Pero sí son necesarios, y mucho, en masas jóvenes independientemente de su origen y especie dominante.

Si un incendio llega a un encinar que tiene cuarenta toneladas de leña menuda por hectárea (ramas bajas y brotes de encina, zarzas, matorral, lianas), es fácil entender que la intensidad del fuego será mayor que si llega a una zona donde se han conservado las encinas, se han podado sus ramas bajas y se ha eliminado el matorral. Esa formación “limpia”, aligerada de carga combustible, no es solo una manía estética de forestales y campesinos, sino que es más favorable que el monte salvaje desde prácticamente todos los puntos de vista: producción de hierba y rebrotes leñosos tiernos (favorable para el ganado y muchas especies de fauna), producción de setas, uso recreativo, vigor del arbolado, resistencia a sequía, paisaje, vulnerabilidad contra incendios, etcétera. Frente a todo ello el monte no intervenido tiene la ventaja de que produce un cierto placer conceptual a los sectores con una visión integrista de la naturaleza.

La sexta medida es Fomento de galerías y orlas forestales como alternativa a zonas y áreas cortafuegos (una zona densa de matorral y árboles es menos propensa a ser un foco de incendio que una zona de pastos secos como las que se promueven con la limpieza de cunetas o con los propios cortafuegos). El problema de esta medida no es el papel de esa zona densa de leñosas como foco de incendio, sino que cuando llega a ella el incendio encuentra una zona que arderá de forma intensa. Por no hablar de que no es viable mantener ese tipo de estructuras en las cunetas de las carreteras. Y en cuanto a los cortafuegos, de pésima reputación, hay que tener en cuenta que un incendio tiene un frente, dos flancos y una cola. Un cortafuegos casi siempre es eficaz para controlar los flancos y la cola de los incendios (es decir, el 90% de su perímetro), y a veces también para controlar cabezas de poca intensidad. Y siempre es un elemento importante para apoyar a los equipos de su extinción y hacer su labor más eficaz y más segura.

La séptima medida parte de una premisa que como ya se ha explicado es falsa: “Un bosque o monte limpio es tan vulnerable o más a los incendios que un monte sucio” y se concreta en una idea que, en caso de adoptarse, pondría en peligro a las masas jóvenes en las que se aplicase: “Como principio elemental no se deben realizar tareas forestales de limpia o similares en bosques y montes de quercíneas o de otro tipo que tengan valor natural y estén en buen estado de conservación”. La conveniencia de limpiar dependerá de la edad y estructura de la masa, no de las especies que la formen ni de su grado de conservación.

 


CONCLUSIONES

  1. En contra de lo afirmado por el Informe de Ecologista en Acción, del análisis de los datos oficiales se deduce que en los grandes incendios se quema algo más de matorral que de arbolado, pese a que en España hay la mitad de superficie de matorral que de arbolado.
  2. De los tres aspectos de la vegetación que se contemplan en el Informe el único con una influencia significativa sobre los incendios es la estructura de la vegetación.
  3. Las masas forestales maduras no requieren intervenciones selvícolas frente a los incendios. Pero hay que tener claro que antes de que un monte alcance esa fase de madurez de baja combustibilidad tiene que pasar por fases juveniles con estructuras equiparables al matorral y muy inflamables, independientemente de la especie principal. En contra de lo que afirma el Informe de Ecologistas en Acción es falso que las masas jóvenes ardan cuando son de pino y no lo hagan cuando son de quercíneas.
  4. Por todo ello, en contra de la propuesta que formula el informe de Ecologistas en Acción, los tratamientos selvícolas de las masas arboladas jóvenes son necesarios para reducir su vulnerabilidad frente a los incendios, tanto si se trata de masas de regeneración natural como si se trata de repoblaciones. Omitir los tratamientos en algunas masas atendiendo a su especie principal o naturalidad es un riesgo grave e innecesario para la supervivencia de las masas que se pretende proteger.

 

 

QUEMA DE RASTROJOS: MEDIDAS DE SEGURIDAD SUFICIENTES PERO SIN MEDIOS PARA CONTROLAR QUE SE CUMPLEN

Primera valoración sobre la Orden AYG/887/2016 que autoriza la quema de rastrojos y publicada hoy.

  1. La Orden sobre la quema de rastrojos publicada hoy presenta suficientes medidas técnicas para quemar de forma segura. El problema es que la Orden no establece ningún sistema de control administrativo o sobre el terreno de las quemas.
  2. Esa falta de mecanismos de control se puede traducir en los siguientes problemas:
    1. No hay previsto ningún mecanismo para que el 112 y los operativos de extinción de incendios puedan distinguir una quema autorizada de un incendio, porque no parece haber un sistema de comunicación a estos organismos de las autorizaciones concedidas en cada término. Es previsible un aumento exponencial de las llamadas por humos al 112, que requerirán comprobar si los avisos corresponden a quemas controladas o a incendios.
    2. No hay medios suficientes para comprobar sobre el terreno que las quemas autorizadas estén cumpliendo los requisitos previstos en la Orden, de forma que lo que sobre el papel es correcto y seguro en la práctica puede no serlo. El día que toca quemar en una comarca el número de quemas va a ser muy superior al de agentes para controlarlas.
    3. Se desconoce si se ha previsto un refuerzo de los medios de extinción de los ayuntamientos y diputaciones para atajar las quemas que escapen del control, especialmente las que puedan afectar a cascos urbanos, carreteras y montes. Los medios del operativo de incendios forestales están muy reducidos en esas fechas.
  3. Además hay un error de redacción que va a da lugar a equívocos. La Orden permite quemar fuera de “una franja de 400 metros alrededor de una masa forestal, arbolada o de matorral”, lo que contradice parcialmente a la Orden FYM/510/2013 que regula el uso del fuego que prohíbe quemar rastrojos en una franja de 400 metros alrededor de terrenos forestales, que a menudo no tienen una masa arbolada o de matorral, caso frecuente en Castilla y León: pastizales de montaña, páramos, humedales, etcétera

RECOMENDACIONES PARA PREVENIR INCENDIOS CAUSADOS POR COSECHADORAS

Está empezando la cosecha de cereal en algunas comarcas de Castilla y León.

Todos los años se producen muchos incendios agroforestales que tienen su causa en el trabajo de las cosechadoras. Estos incendios queman en primer lugar las fincas que se están cosechando, y pueden acabar provocando grandes incendios forestales.

Para prevenir estos incendios se pueden adoptar algunas medidas:

  1. Contar con un observador que detecte de forma rápida cualquier chispa y con un tractor con la grada preparada para atajar cualquier incendio incipiente.
  2. Comenzar la siega realizando una pasada perimetral de la parcela. Después de esa pasada empezar por el extremo opuesto al del viento dominante de forma que cualquier posible incendio se dirija hacia zonas ya cosechadas.
  3. Mantener en buen estado la maquinaria, y en especial los sistemas de engrase. Revisar la sujeción de piezas metálicas que se puedan desprender o soltar. Durante el trabajo permanecer atentos a calentamientos excesivos de la maquinaria que incrementan el riesgo de ignición y pueden ser síntomas de fallos en el engrase.
  4. En terrenos en pendiente o pedregosos reducir la velocidad de avance y levantar el peine de corte en los giros de la cosechadora, incluso fuera de las parcelas en previsión de choques con montones de piedra o elementos de hormigón.
  5. Suspender los trabajos cuando las condiciones atmosféricas cumplan la regla del 30: temperatura por encima de 30ºC, humedad relativa por debajo del 30% y vientos de más de 30 kilómetros por hora.
  6. A la hora de organizar el trabajo en las distintas parcelas a lo largo de la jornada avanzar contra el viento, de forma que en caso de incendio las llamas avancen hacia parcelas ya cosechadas. Del mismo modo evitar en las horas centrales del día las parcelas más próximas a masas forestales.

Algunas de estas medidas son obligatorias en Castilla y León para algunas fincas situadas en las inmediaciones de montes. Puede consultarse la normativa vigente en el siguiente enlace:

Normativa autonómica sobre uso del fuego y actividades con riesgo de incendio

ENTRADA ANULADA

La Comisión Electoral del Colegio ha entendido que la entrada “SIETE PREGUNTAS A LAS CANDIDATURAS AL COLEGIO DE INGENIEROS DE MONTES” es improcedente, por lo que ha sido retirada y no se va a publicar la respuesta de ninguna de las candidaturas.